Definir Aikido como 'arte marcial' es una simplificacion
que debemos adoptar dado
la imposibilidad de los idiomas occidentales de traducir en una
palabra el concepto de
budo. Este termino, que literalmente significa 'detener las armas'
abarca mucho mas que
el estudio de estrategia militar, tecnicas agresivas o de defensa
personal.
La denominación oficial de Alkido data de febrero de 1942. Con anterioridad, el arte fue conocido con diversos nombres, aunque su esencia permaneció constante.
El padre del Maestro Ueshiba, Yoroku, era un terrateniente relativamente próspero que también tenía participaciones en negocios de pesca y de madera. Respetado por la gente de su ciudad, sirvió en los consejos municipales de Nishinotani y Tanabe , en la Prefectura de Wakayama. El joven Ueshiba reverenciaba a su padre, y éste, viendo que su hijo tenía grandes posibilidades, le ofreció el maximo apoyo material y moral para llevar adelante sus ambiciones más allá del limitado mundo de su lugar de nacimiento. El hijo, sin embargo, sentía que no había conseguido responder a las expectativas paternas y en 1901, a la edad de dieciocho años, se fue a Tokyo, donde realizó un corto aprendizaje en el mundo de los negocios. El año siguiente abrió el Almacén Ueshiba, que distribuía y vendía material y artículos de escritorio para colegios; pero enfermó y su pequeño negocio fracasó.
Poco después se unió al Ejército Imperial del
Japón y luchó en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905).
Ascendió a sargento y se retiró honorablemente, y
luego, en 1912, cuando tenía veintinueve años, reclutó
a un grupo de cincuenta y cuatro familias de su pueblo natal que agrupaban
un total de más de ochenta personas, y fundó una nueva
colonia en Shirataki
, Hokkaído. Esta prefectura acababa de abrirse al desarrollo
y acogía a todos los colonos que desearan trabajar la tierra.
Durante siete años ejerció la jefatura de esta nueva colonia
y cultivó la tierra, sirvió en el consejo municipal y
contribuyó al desarrollo de la región de Shirataki.
Aunque demostró cierto talento para el mando, sentía
que todavía no había satisfecho las altas esperanzas
que su padre había puesto en él. La muerte de su
padre por enfermedad en enero de 1920 supuso para él un fuerte
golpe, y abandonándolo todo en Hokkaido volvió a casa,
experimentando una profunda aflicción psíquica.
Entonces buscó el apoyo de Onisaburó Deguchi, el carisrnático
maestro religioso de la Secta Omoto, derivada del Shinto. Bajo
el patrocinio de su gran maestro, el Fundador vivió en la Sede
Central Omoto en Ayabe
, Prefectura de Kyoto, practicó el Shintó meditativo
y los ritos de purificación, y contribuyó al fortalecimiento
de esta nueva religión.
Los ocho años en Ayabe (hasta que se trasladó a Tokyo en 1927) fueron años normativos en la evolución espiritual del Fundador. Durante este tiempo estudió filosofía Shintó y dominó el concepto de koto-dama (literalmente, palabra-espíritu).
Tras la muerte de su padre, y durante su estancia en Ayabe, la dedicación del Fundador al Budó se hizo exclusiva debido principalmente al estímulo de Deguchi. Ya antes había practicado y dominado varias artes marciales, entre ellas el arte del sable de la Escuela Shinkage, el Jyujutsu de las escuelas Kitó y Daitó, y otras. Uno de sus logros más notables fue la recepción de la más alta certificación de la Escuela Daitó, de manos del Maestro Sokaku Takeda, al que encontró por casualidad en la posada de Hokkaido, en 1915, cuando tenía treinta y dos años. Fue este estilo de jujutsu el que abrió los ojos del Fundador al profundo significado de las artes marciales; los principios Daitó difieren del Aikido, pero muchas de sus técnicas son comunes.
La razón por la que Deguchi le animó a que se centrara en las artes marciales era porque conocía los ricos y variados antecedentes del Fundador en el Budó, y se dio cuenta de que este camino era el más adecuado a su temperamento, cualidades y aspiraciones. Aconsejo al Fundador que reservara un sector de su residencia en Ayabe y lo convirtiera en dójó, consejo que éste acepto, abriendo el modesto Ueshiba Juku, de dieciocho tatami.
El Ueshiba Juku estaba pensado inicialmente para los jóvenes de la Secta Omoto, pero como el nombre de Moriliei Ueshiba, «El Maestro de Budó de Ayabe» empezó a hacerse ampliamente conocido, comenzó a unirse al dojo gente de afuera, siendo los más notables los jóvenes oficiales navales del vecino puerto de Maizuru. Su fama se extendió y empezaron a llegar, alumnos de Tokyo y de otros distantes lugares del Japón.
Más o menos desde 1920 , el Maestro Ueshiba venía ya
pensando en establecer su propia modalidad independiente del budo,
y en 1922 proclamó el Aiki-bujutsu como nueva forma de arte
marcial. Como el término bujutsu sugiere, mantenía
los principios y técnicas de las artes marciales mas antiguas,
que de alguna forma difieren del actual Aikido. Su originalidad
aparece en el uso de aíki como término especifico.
Existen, en algunas transmisiones del budo, algunas referencias sueltas
a la idea de «unión» (ai) del ki con el adversario
en combate, pero ésta fue la primera vez que se usó la
combinación propiamente dicha.
Aunque la elección del nuevo término aiki
pudo haber tenido algo que ver con la influencia de las escuelas
Kitó y Daito, por el hecho de que ambas están basadas
en el principio del yin y del yang y en la utilización del ki,
su origen prircipal está en el propio entrenamiento de budó
del Maestro Ueshiba, en su propia experiencia vital y en la comprensión
del ki adquirida durante su estancia en Ayabe, además de su dominio
del koto-dama, al que hace continuas referencias en conferencias, escritos
e instrucciones en sus últimos años.
El aikl-bujutsu parece que no fue aceptado inmediatamente.
Más bien, la gente se refería al nuevo budó como
el Ueshiba-ryú o el Ueshiba~ryú Aikí-bujutsu,
pero la fama del Fundador, no obstante, continuó extendiéndose
a lo largo de país. El momento crucíal llegó
en 1924 o 1925, fecha en la que, como se señaló anteriormente,
participó en una expedición a Mongolia Interior, y poco
después de su vuelta, cuando desafiado por un joven oficial naval
en Ayabe, experimentó el sumi-kiri, la claridad de la mente y del
cuerpo que hace posible la unidad del ki del universo con el propio kí.
Tenía entonces poco más de cuarenta años y este
fue el címiento de su arte marcíal.
Podemos decir, por tanto, que el año 1924 o el 1925
marca el comienzo del desarrollo espiritual del Aíkido, pues
en adelante, desde este momento, el Maestro Ueshiha propugnaría
constantemente que «el verdadero budó es la vía
de la gran armonía y del gran amor por todos los seres»,
y que cada movimiento tiene su origen en el funcionamiento de la unidad
del ki con la mente y el cuerpo.
En el otoño de 1925, tras repetidas súplicas
de su protector y admirador, el Almirante Isamu Takeshita, el Fundador
fue a Tokyo a realizar una demostración ante una distinguido
audiencía, entre quienes se encontraba el anterior Primer
Ministro, el conde Gonnohyoe Yamamoto. Al conde Yamamoto le
impresionó profundamente la actuación del Fundador y
le hizo dirigir un seminario especial de veintiún días
en el Palacio Independiente de Aoyama, para expertos de alto rango de
judó y kendó del Personal de la Casa Imperial. En la
primavera de 1926 fue invitado otra vez a Tokyo por el Almirante Takeshita,
y enseñó aiki-bujutsu a miembros del Personal de la Casa
Imperial, oficiales navales y del ejército y figuras prominentes
del mundo de la política y de los negocios. En 1927, a
instancias del Almirante Takeshíta y de Onísaburo Deguchi,
abandonó Ayabe y se trasladó a Tokyo.
Durante los tres años siguientes estableció
diversos dojo en el distrito de Shiba e instruyó a mucha
gente en aikibujutsu, incluidos expertos de alto rango en otras artes
marciales. Había ya algunos signos de reconocimiento del
budó del Fundador como algo más que un arte marcíal
tradicional, y hubo quien empezó a utilizar el térmíno
Aikido para describirlo. En octubre de 1930, Jígoro Kano,
fundador del Judo Kódókan, cuando vio el soberbio arte del
Maestro Ueshiba, lo proclamó como budó ideal e incluso le
mandó algunos de sus mejores alumnos. A pesar de los intentos
de ser selectivos, el número de alumnos continuaba creciendo y
el Fundador tuvo que enfrentarse a la necesidad de un dojo mayor.
En 1930 estableció un nuevo dojo en Wakamatsu-cho, Tokyo, inicialmente
alquílado y más tarde comprado a la familia Ogasawara.
El nuevo centro de entrenamiento, llamado Kóbukan , se completó
en abril de 1931. El Dojó de la Sede Central de Aikido ocupa ahora
el mismo lugar.
En 1936, el Fundador decidió que había llegado
la hora de distinguir claramente entre las antiguas artes marciales
y la suya propia, en virtud del contenido filosófico y espiritual
que había incorporado a la suya. Sintiendo que la esencia
de su nuevo arte era diferente a la vieja tradición de artes marciales,
abandonó el término bujutsu y la rebautizó con
el nombre de aikibudó. Este necesario e inevitable paso
echó los cimientos del futuro de su escuela. Como fundador
de un nuevo sistema artístico marcial, sentía profundamente
la responsabilidad de subordinar su búsqueda personal a la expansión
de la vía entre todos aquellos que pudieran estar interesados en
ella.
En 1939 cursó una petición oficial de reconocimiento de su organización como institución con personalidad jurídica, con el nombre de Kóbukai. La aprobación de la solicitud al año siguiente, oficializó el Aikidó y marcó el comienzo de su Epoca Dorada. El número de miembros creció y el nombre del Maestro Ueshiba se hizo más famoso que nunca. El estallido de la Guerra del Pacífico en diciembre de 1941, y el creciente viraje hacia el militarismo en la sociedad japonesa, no podían hacer más que obstaculizar el crecimiento del Aikido, cuyo número de alumnos se redujo notablemente al ser reclutados por las fuerzas armadas la mayoría de los jóvenes. Uno de los pasos del gobierno con la intención de movilizar al país para el esfuerzo bélico fue ordenar la unificación de los diversos grupos de artes marciales en un sólo organismo bajo su control. De esta forma, en 1942, varias tradiciones de Judó, Kendó, y otras artes marciales se unieron para formar la Gran Asociacion Japonesa Marcial y Virtuosa.
Aunque el Fundador no expresó sus objeciones a la orden gubernamental,
parece que en definitiva estaba descontento de que el budo que había
desarrollado, diferente de las demás artes marciales, fuera
obligado a formar parte de tal organización. Firmemente
opuesto a esta mezcla, como si se tratara de una forma marcial más,
llegó a pensar que el nombre Kóbukan Alki-budó
sugería que su arte era simplemente la rama o estilo Kóbukan
de un arte más amplio, por lo que decidió proclamar el
nuevo nombre de Aikido para que su arte se identificara como una forma
original y distintiva del budó, entrando a continuación,
con el nuevo nombre, en la asociación. En febrero de 1942,
el Aikido fue oficialmente reconocido como el nombre de la escuela del
Fundador. Habían pasado veintidós años desde
el nacimiento del Ueshiba Juku en Ayabe.
El Santuario Aiki de Iwama
Para poder apreciar plenamente la proclamación del nombre de
Aikido y comprender algunas de las razones que hay detrás
de ello, incluyendo los cambios en el pensamiento del Fundador, debemos
dirigir nuestra atención a la creación del Santuario
Aiki de Iwama
, en la Prefectura Ibaraki, al nordeste de Tokyo. Este
lugar, venerado por todos los alumnos de Aikido, jugó un relevante
papel en el remozado comienzo de después de la Segunda Guerra
Mundial. La idea de establecer un centro espiritual para el Aikido
la concibió el Fundador alrededor del año 1935.
Nació de una necesidad hondamente sentida de continuar la búsqueda
de la verdad del universo a través del budó, y deseaba
un lugar especial para llevar a cabo este propósito.
Habia conseguido que el Aikido arraigara con firmeza en Tokyo, y su
más puro deseo de difundir el verdadero budó por el mundo
se estaba cumpliendo. Le satisfacían los éxitos
alcanzados, pero al mismo tiempo esto no le parecía suficiente,
deplorando, de hecho, la invasión de su vida privada y la falta
de tiempo que la fama le había ocasionado. El Fundador
mostraba una completa indiferencia por las cosas que normalmente son
objeto del deseo humano - posición social, honores y aplausos,
riqueza y bienestar material -, y su única preocupación
era el entrenamiento del espíritus través de la disciplina
del budó.
Hacia 1935, haciendo uso de sus pequeños ahorros,
empezó a comprar tierra de bosque en los alrededores de Iwama.
Llevaba la agricultura en la sangre, como se hizo evidente en su empresa
de colonización de Shirataki, en Hokkaido, y planeó cultivar
la tierra y renovar la búsqueda de un budó espiritual;
pero este deseo suyo de cultivar la tierra no era fácilmente realizable,
ya que, como artista marcial reconocido, era constantemente invitado a
diversos lugares y su apretado programa no le dejaba tiempo para proseguirlo.
El intento en tiempos de guerra de agrupar todas las formas
de artes marciales en una sola organización presentó
una oportunidad única. Los acontecimientos hacían
imposible la
continuidad de las actividades normales de Aikido y ya no
se le requería para supervisar su crecimiento, y cuando el
panorama bélico se hizo más oscuro disminuyó
el número de alumnos y declinaron las invitaciones para hacer
demostraciones de Aikido. Así pues, sintió que éste
era sin duda el momento ideal para él de tomar una decisión
de cara a su futuro, y la orden de unirse a la Gran Asociación Japonesa
Marcíal y Virtuosa fue la gota que colmó el vaso, de tal
manera que el Fundador proclamó el establecimiento del Aikido y
finalmente tomó la decisión de retirarse a lwama, donde podía
proseguir su propio camino.
El Fundador era un patriota en el verdadero sentido de la palabra y creía que uno debe estar dispuesto a sacrificar su vida por su propio país, de modo que optó por no protestar respecto a la política nacional de tiempos de guerra. Sin embargo, no estaba de acuerdo con el plan de unir todas las formas de budó bajo la jurisdicción gubernamental, y para él la orden poco tenía que ver con el amor a la patria. Es más, la nueva organización demandaba más y más papeleos y asistencia a reuniones, todo lo cual obstaculizaba su deseo de continuar su búsqueda del budo. Con absoluto desinterés decía: «No sirvo para el papeleo. Para mí sólo existe la práctica del Aikido». Y diciendo esto, mandaba a uno de sus uchideshi, Minoru Hirai, a representar al Aikido en las reuniones. Yo era todavía un estudiante en la Waseda High School, pero me designó instructor jefe del dojo de Tokyo y pidió que sus discípulos superiores, como Kisaburó Osawa, el actual instructor jefe, me asistieran, y entonces dejó Tokyo para ir a Iwama con mi madre, Hatsu. El Fundador actuó de su manera habitual sin perder el tiempo a la hora de poner en marcha cualquier cosa que decidiera. Iwama está cerca de Mito, centro cultural y artístico durante el Período Tokugawa, pero que en esa época estaba escasamente poblado. Las granjas eran pocas y diseminadas, y toda la zona estaba densamente arbolada, el 90 por 100 de ella cubierto de pinos, árboles frutales y bosquecillos de otras especies. El Fundador limpió cerca de 20.000 tsubo (6,62 hectáreas) de las propiedades que había adquirido a lo largo de los años, y empezó a cultivar la tierra, cumpliendo así su deseo, largo tiempo alimentado, de unificar la agricultura con el arte marcial. El pequeño edificio convertido en granja en el que vivía contenía sólo dos habitaciones pequeñas y un área de suelo de tierra. Los visitantes de esta pequeña choza se sorprendían por su aspecto ruinoso, pero el animo del Fundador estaba alto.
Tenía tres planes encamínados a realizar su
ideal de budó verdadero cuando se asentó en lwama. El
primero era establecer un Santuario Aiki que simbolizara la Vía de
aiki y el espíritu del Aikido. El segundo era construir un dojo
al aire libre, impregnado con el ki de la naturaleza, donde se pudiera enseñar
el budó ideal de Take-musu. Y el tercero, llevar a cabo su ansiado
sueño de unificar la agricultura con el arte marcial. Aspiraba
a relacionar el entrenamiento del budó (take) que armoniza con la
protectora fuerza vital (muso), con el trabajo de la agricultura, a través
del cual la tierra produce el alimento que sustenta la vida.
El Santuario Alki fue concebido para rendir homenaje a los
cuarenta y tres dioses que protegen y dan poder creativo al Aíkido,
y para ser el centro sagrado de todos los practicantes de Aikido que
se comprometen en promocionar la Vía para todos los seres.
Los cuarenta y tres dioses son las deidades marciales, los reyes dragones
y las encarnaciones glorificadas en el saber tradicional popular japonés.
El Fundador creía firmemente que su destreza en el budó
no provenía de sí mismo, sino de los dioses que lo protegían
y que nutrían esta habilidad. Esta era su fe fundamental, pero
lo más importante es que esto demuestra su humildad y su autodisciplina;
encomendándose a un poder mayor nunca se volvería arrogante
por los logros conseguidos. Esta humildad, compendio de su sinceridad
y de su devoción por el entrenamiento, es algo que deben tomarse
a pecho todos los practicantes del Aikido.
La disposición del Santuario Aiki está basada
en los principios del koto-dama. La colocación del santuario
interior, la sala de culto, la puerta de entrada, etc, están
todas de acuerdo con los tres principios del triángulo, el círculo
y el cuadrado. Estos tres signos son símbolos del ejercicio
de respiración en el estudio del koto-dama. En palabras
del Fundador:
Cuando el triángulo, el círculo y el cuadrado se convierten en uno, hay movimiento en rotación esférica junto con flujo de ki, y aparece el Aíkldo de sumi-kiri.
El hecho de que el Santuario Aiki, que refleja una elaborada filosofía,
pudiera completarse en los difíciles años al final
de la Segunda Guerra Mundial, se debió a los esfuerzos de un
maestro carpintero llamado Matsumoto, que vivía en lwama, y
al incansable apoyo de numerosos practicantes desde el comienzo del
Aikldo. La terminación del santuario principal del Santuario
Aiki en 1943, fue una ocasión que hizo derramar lágrimas
de feilcidad al Fundador. Su sueño de toda la vida se
había hecho realidad, y los cimientos del Aikido estaban echados.
El Santuario es ahora la meca de todos los auténticos alumnos
del arte.
La construcción de un dojo al aire libre, segunda
parte del plan del Fundador, tuvo lugar en una esquina de su granja,
pero con el incremento del número de alumnos fue necesario
construir un pequeño dojo interior de treinta tsubo (90.9
m2) Fue completado en 1945, inmediatamente después de la Segunda
Guerra Mundial, y supuso una desviación del objetivo original
de combinar la agricultura con el arte marcial, pero trajo inesperados
beneficios al Aikido.
Durante los tres años después de la guerra,
el Hombu dojode Wakamatsucho se vio obligado a reducir sus actividades
por una serie de razones, entre ellas la prohibición impuesta
a todas las artes marciales por las Fuerzas de Ocupación Aliadas.
Entonces todas las actividades del dojo central se trasladaron a Iwama,
de forma que, gracias a este dojo, el Aikido pudo perdurar en una
época en que el clima y la actitud general hacia las artes marciales
eran fuertemente negativas. Hoy en día el dojo de Iwama
se llama Ibaraki Dojo y está dedicado a la memoria del Fundador.
El Fundador había acariciado desde hacía mucho tiempo el ideal de establecer un centro Aikí, y que esto se hiciera realidad, aún con pequeñas modificaciones, en mitad de los difíciles años de la guerra y en los caóticos años de después de ella, era casi un milagro. Por tanto, debió ser muy gratificante para él haber sido capaz de escapar de la atareada vida de Tokyo para dedicarse totalmente a realizar el ideal del verdadero budó.
La vía de recuperación del Aikido comenzó en febrero de 1948, con la aprobación oficial del Aíkikai como nueva institución. Fue reconocido por primera vez públicamente en los Almacenes Takashimaya, en Tokyo, en septiembre de 1956, y la Primera Demostración Pública de Aikido patrocinada por el Aikikai se celebró en 1960 en la Sala Yamano, en Tokyo. El momento cumbre del restablecimieto de despues de la guerra llegó con la terminación del nuevo Hombu Dojo en enero de 1969.
Viendo la prosperidad que ha alcanzado el Aikido, qué menos que reflexionar sobre las decisiones adoptadas por el Fundador durante los años de la guerra e inmediatamente después. Si el Maestro Ueshiba en vez de retirarse a Iwama hubiera dejado que el Kóbukan Aikí-budó fuera engullido por la fusión de las artes marciales durante la guerra, la historia del Aikído podría haber terminado entonces. Ambos nombres, el del Maestro Ueshiba y el del Aikido, y su breve pero glorioso capítulo en el budó durante los años anteriores a la guerra, podían haber sido relegados a los libros de historia y con el tiempo convertirse sólo en oscuras leyendas en los anales de las artes marciales.
La reputación y el éxito actuales del Aikido se deben a la decisión del Fundador de dedicarse a la búsqueda espiritual de la esencia de las artes marciales en la alejada región de lwama. El Maestro Ueshiba demostró con su propio ejemplo que la prosperidad del Aikido no se mide por el número de seguidores, sino por la profundidad e intensidad de la búsqueda personal de la verdad a través del entrenamiento y de la práctica. A mi entender ésta es la más importante razón de que el Aikido sea hoy lo que es.
El dicho Zen «Reflexionar sobre nuestros pasos» nos advierte que hay que comprobar siempre si nuestros pies están en tierra firme. Como practicantes de Aikldo debemos siempre «Reflexionar sobre nuestros pasos», aunque nos movamos juntos hacia adelante con altos ideales y apasionados por la verdad.
|
|
|
Muchas veces me han preguntado por que realizamos tantos saludos durante la practica. La razon esta, por un lado en la tradicion cultural japonesa, en la que la cortesia juega un papel preponderante en toda relacion entre las personas. Por otra parte, Aikido es heredero, como integrante del budo, de los codigos de conducta del samurai. Este respetaba a su adversario, pues tenia arraigado, que de no hacerlo, implicaba una falta de valoracion de su capacidad, y por ende, era una forma de ser vencido antes del combate.
Pero en Aikido no hay combate. Es un Arte de Vida. Entrenamos
para lograr un mundo mejor. Nuestra actitud durante la practica debe ser
de concentrada atencion, colaboracion y respeto. La forma de manifestar este
ultimo es cortesia. De nada sirve refinar nuestra tecnica si no refinamos
nuestro espiritu. Un profundo saludo es un acto negativo si no es sincero.
Debe ser un mensaje sin palabras en el que expresamos:
"voy a atacarte franca y atentamente, no quiero lastimarte, voy a realizar
mi mejor ukemi, progresemos juntos". Y si logramos llevar esta actitud a
nuestra vida diaria, habremos logrado plasmar, en la medida de nuestras fuerzas,
los ideales de O'Sensei.