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Que es Aikido

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Que es Aikido

   Definir Aikido como 'arte marcial' es una simplificacion que debemos adoptar dado
la imposibilidad de los idiomas occidentales de traducir en una palabra el concepto de
budo. Este termino, que literalmente significa 'detener las armas' abarca mucho mas que
el estudio de estrategia militar, tecnicas agresivas o de defensa personal.

   Aikido es una forma de llegar a un estado de armonia interna a travez del conflicto.
Desde su primera clase, los alumnos se ven en situacion de enfrentar un ataque de uno
de sus pares aplicando tecnicas propias del arte, de brindarse a atacar y ser dominado. Todo ello observando estrictas formas de  etiqueta  que ponen de manifiesto respeto mutuo y espiritu de colaboracion.
En este esquema, en que uno ataca y es dominado (uke), y otro que recibe el ataque y
aplica una tecnica (nage), surge la idea de que no hay victoria en ningun combate y que
hay una forma armoniosa de resolver una agresion .   

   AI=union, KI=fuerza vital, aquello que nos mantiene vivos, DO=camino. Tres ideogramas (kanji) que definen un concepto, union. Union de el ki de nage con el de uke, en la practica. Union del ki individual con el de aquellos que nos relacionamos. Union del
ki individual con .... algo superior. Creo que en la busqueda de estas uniones esta el
desafio que propone Aikido.

   Aikido fue creado por Morihei Ueshiba (llamado O'Sensei -' Gran Maestro'- por los que seguimos el Camino del Aiki).  Fue el resultado de una dedicacion total al estudio de
numerosas disciplinas del budo y de una profunda religiosidad. Lo que sigue es un extracto
de la biografia escrita  por su hijo, Kisshomaru, segundo Doshu (conductor) de Aikido.


Breve historia

La denominación oficial de Alkido data de febrero de 1942.  Con anterioridad, el arte fue conocido con diversos nombres, aunque su esencia permaneció constante.

El padre del Maestro Ueshiba, Yoroku, era un terrateniente relativamente próspero que también tenía participaciones en negocios de pesca y de madera.  Respetado por la gente de su  ciudad, sirvió en los consejos municipales de Nishinotani y Tanabe , en la Prefectura de Wakayama.  El joven Ueshiba reverenciaba a su padre, y éste, viendo que su hijo tenía grandes posibilidades, le ofreció el maximo apoyo  material y moral para llevar adelante sus ambiciones más allá del limitado mundo de su lugar de nacimiento. El hijo, sin embargo, sentía que no había conseguido responder a las expectativas paternas y en 1901, a la edad de dieciocho años, se fue a Tokyo, donde realizó un corto aprendizaje en el mundo de los negocios.  El año siguiente abrió el Almacén Ueshiba, que distribuía y vendía material y artículos de escritorio para colegios; pero enfermó y su pequeño negocio fracasó.

Poco después se unió al Ejército Imperial del Japón y luchó en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905).  Ascendió a sargento y se retiró honorablemente, y luego, en 1912, cuando tenía veintinueve años, reclutó a un grupo de cincuenta y cuatro familias de su pueblo natal que agrupaban un total de más de ochenta personas, y fundó una nueva colonia en Shirataki , Hokkaído. Esta prefectura acababa de abrirse al desarrollo y acogía a todos los colonos que desearan trabajar la tierra.  Durante siete años ejerció la jefatura de esta nueva colonia y cultivó la tierra, sirvió en el consejo municipal y contribuyó al desarrollo de la región de Shirataki.
Aunque demostró cierto talento para el mando, sentía que todavía no había satisfecho las altas esperanzas que su padre había puesto en él.  La muerte de su padre por enfermedad en enero de 1920 supuso para él un fuerte golpe, y abandonándolo todo en Hokkaido volvió a casa, experimentando una profunda aflicción psíquica.  Entonces buscó el apoyo de Onisaburó Deguchi, el carisrnático maestro religioso de la Secta Omoto, derivada del Shinto.  Bajo el patrocinio de su gran maestro, el Fundador vivió en la Sede Central Omoto en Ayabe , Prefectura de Kyoto, practicó el Shintó meditativo y los ritos de purificación, y contribuyó al fortalecimiento de esta nueva religión.

Los ocho años en Ayabe (hasta que se trasladó a Tokyo en 1927) fueron años normativos en la evolución espiritual del Fundador.  Durante este tiempo estudió filosofía Shintó y dominó el concepto de koto-dama (literalmente, palabra-espíritu).

Tras la muerte de su padre, y durante su estancia en Ayabe, la dedicación del Fundador al Budó se hizo exclusiva debido principalmente al estímulo de Deguchi.  Ya antes había practicado y dominado varias artes marciales, entre ellas el arte del sable de la Escuela Shinkage, el Jyujutsu de las escuelas Kitó y Daitó, y otras.  Uno de sus logros más notables fue la recepción de la más alta certificación de la Escuela Daitó, de manos del Maestro Sokaku Takeda, al que encontró por casualidad en la posada de Hokkaido, en 1915, cuando tenía treinta y dos años.  Fue este estilo de jujutsu el que abrió los ojos del Fundador al profundo significado de las artes marciales; los principios Daitó difieren del Aikido, pero muchas de sus técnicas son comunes.

La razón por la que Deguchi le animó a que se centrara en las artes marciales era porque conocía los ricos y variados antecedentes del Fundador en el Budó, y se dio cuenta de que este camino era el más adecuado a su temperamento, cualidades y aspiraciones.  Aconsejo al Fundador que reservara un sector de su residencia en Ayabe y lo convirtiera en dójó, consejo que éste acepto, abriendo el modesto Ueshiba Juku, de dieciocho tatami.

El Ueshiba Juku estaba pensado inicialmente para los jóvenes de la Secta Omoto, pero como el nombre de Moriliei Ueshiba, «El Maestro de Budó de Ayabe» empezó a hacerse ampliamente conocido, comenzó a unirse al dojo gente de afuera, siendo los más notables los jóvenes oficiales navales del vecino puerto de Maizuru.  Su fama se extendió y empezaron a llegar, alumnos de Tokyo y de otros distantes lugares del Japón.

Más o menos desde 1920 , el Maestro Ueshiba venía ya pensando en establecer su propia modalidad independiente del budo, y en 1922 proclamó el Aiki-bujutsu como nueva forma de arte marcial.  Como el término bujutsu sugiere, mantenía los principios y técnicas de las artes marciales mas antiguas, que de alguna forma difieren del actual Aikido.  Su originalidad aparece en el uso de aíki como término especifico.  Existen, en algunas transmisiones del budo, algunas referencias sueltas a la idea de «unión» (ai) del ki con el adversario en combate, pero ésta fue la primera vez que se usó la combinación propiamente dicha. 
Aunque la elección del nuevo término aiki pudo haber tenido algo que ver con la influencia de las escuelas Kitó y Daito, por el hecho de que ambas están basadas en el principio del yin y del yang y en la utilización del ki, su origen prircipal está en el propio entrenamiento de budó del Maestro Ueshiba, en su propia experiencia vital y en la comprensión del ki adquirida durante su estancia en Ayabe, además de su dominio del koto-dama, al que hace continuas referencias en conferencias, escritos e instrucciones en sus últimos años.
El aikl-bujutsu parece que no fue aceptado inmediatamente.  Más bien, la gente se refería al nuevo budó como el Ueshiba-ryú o el Ueshiba~ryú Aikí-bujutsu, pero la fama del Fundador, no obstante, continuó extendiéndose a lo largo de país.  El momento crucíal llegó en 1924 o 1925, fecha en la que, como se señaló anteriormente, participó en una expedición a Mongolia Interior, y poco después de su vuelta, cuando desafiado por un joven oficial naval en Ayabe, experimentó el sumi-kiri, la claridad de la mente y del cuerpo que hace posible la unidad del ki del universo con el propio kí.  Tenía entonces poco más de cuarenta años y este fue el címiento de su arte marcíal.
Podemos decir, por tanto, que el año 1924 o el 1925 marca el comienzo del desarrollo espiritual del Aíkido, pues en adelante, desde este momento, el Maestro Ueshiha propugnaría constantemente que «el verdadero budó es la vía de la gran armonía y del gran amor por todos los seres», y que cada movimiento tiene su origen en el funcionamiento de la unidad del ki con la mente y el cuerpo.
En el otoño de 1925, tras repetidas súplicas de su protector y admirador, el Almirante Isamu Takeshita, el Fundador fue a Tokyo a realizar una demostración ante una distinguido audiencía, entre quienes se encontraba el anterior Primer Ministro, el conde Gonnohyoe Yamamoto.  Al conde Yamamoto le impresionó profundamente la actuación del Fundador y le hizo dirigir un seminario especial de veintiún días en el Palacio Independiente de Aoyama, para expertos de alto rango de judó y kendó del Personal de la Casa Imperial.  En la primavera de 1926 fue invitado otra vez a Tokyo por el Almirante Takeshita, y enseñó aiki-bujutsu a miembros del Personal de la Casa Imperial, oficiales navales y del ejército y figuras prominentes del mundo de la política y de los negocios.  En 1927, a instancias del Almirante Takeshíta y de Onísaburo Deguchi, abandonó Ayabe y se trasladó a Tokyo.
Durante los tres años siguientes estableció diversos  dojo en el distrito de Shiba e instruyó a mucha gente en aikibujutsu, incluidos expertos de alto rango en otras artes marciales.  Había ya algunos signos de reconocimiento del budó del Fundador como algo más que un arte marcíal tradicional, y hubo quien empezó a utilizar el térmíno Aikido para describirlo.  En octubre de 1930, Jígoro Kano, fundador del Judo Kódókan, cuando vio el soberbio arte del Maestro Ueshiba, lo proclamó como budó ideal e incluso le mandó algunos de sus mejores alumnos.  A pesar de los intentos de ser selectivos, el número de alumnos continuaba creciendo y el Fundador tuvo que enfrentarse a la necesidad de un dojo mayor.  En 1930 estableció un nuevo dojo en Wakamatsu-cho, Tokyo, inicialmente alquílado y más tarde comprado a la familia Ogasawara.  El nuevo centro de entrenamiento, llamado Kóbukan , se completó en abril de 1931. El Dojó de la Sede Central de Aikido ocupa ahora el mismo lugar.
En 1936, el Fundador decidió que había llegado la hora de distinguir claramente entre las antiguas artes marciales y la suya propia, en virtud del contenido filosófico y espiritual que había incorporado a la suya.  Sintiendo que la esencia de su nuevo arte era diferente a la vieja tradición de artes marciales, abandonó el término bujutsu y la rebautizó con el nombre de aikibudó.  Este necesario e inevitable paso echó los cimientos del futuro de su escuela.  Como fundador de un nuevo sistema artístico marcial, sentía profundamente la responsabilidad de subordinar su búsqueda personal a la expansión de la vía entre todos aquellos que pudieran estar interesados en ella.

En 1939 cursó una petición oficial de reconocimiento de su organización como institución con personalidad jurídica, con el nombre de Kóbukai.  La aprobación de la solicitud al año siguiente, oficializó el Aikidó y marcó el comienzo de su Epoca Dorada.  El número de miembros creció y el nombre del Maestro Ueshiba se hizo más famoso que nunca.  El estallido de la Guerra del Pacífico en diciembre de 1941, y el creciente viraje hacia el militarismo en la sociedad japonesa, no podían hacer más que obstaculizar el crecimiento del Aikido, cuyo número de alumnos se redujo notablemente al ser reclutados por las fuerzas armadas la mayoría de los jóvenes.  Uno de los pasos del gobierno con la intención de movilizar al país para el esfuerzo bélico fue ordenar la unificación de los diversos grupos de artes marciales en un sólo organismo bajo su control.  De esta forma, en 1942, varias tradiciones de Judó, Kendó, y otras artes marciales se unieron para formar la Gran Asociacion Japonesa Marcial y Virtuosa.

Aunque el Fundador no expresó sus objeciones a la orden gubernamental, parece que en definitiva estaba descontento de que el budo que había desarrollado, diferente de las demás artes marciales, fuera obligado a formar parte de tal organización.  Firmemente opuesto a esta mezcla, como si se tratara de una forma marcial más, llegó a pensar que el nombre Kóbukan Alki-budó sugería que su arte era simplemente la rama o estilo Kóbukan de un arte más amplio, por lo que decidió proclamar el nuevo nombre de Aikido para que su arte se identificara como una forma original y distintiva del budó, entrando a continuación, con el nuevo nombre, en la asociación.  En febrero de 1942, el Aikido fue oficialmente reconocido como el nombre de la escuela del Fundador.  Habían pasado veintidós años desde el nacimiento del Ueshiba Juku en Ayabe.
 

El Santuario Aiki de Iwama

Para poder apreciar plenamente la proclamación del nombre de Aikido y comprender algunas de las razones que hay detrás de ello, incluyendo los cambios en el pensamiento del Fundador, debemos dirigir nuestra atención a la creación del Santuario Aiki de  Iwama , en la Prefectura Ibaraki, al nordeste de Tokyo.  Este lugar, venerado por todos los alumnos de Aikido, jugó un relevante papel en el remozado comienzo de después de la Segunda Guerra Mundial.  La idea de establecer un centro espiritual para el Aikido la concibió el Fundador alrededor del año 1935.  Nació de una necesidad hondamente sentida de continuar la búsqueda de la verdad del universo a través del budó, y deseaba un lugar especial para llevar a cabo este propósito.  Habia conseguido que el Aikido arraigara con firmeza en Tokyo, y su más puro deseo de difundir el verdadero budó por el mundo se estaba cumpliendo.  Le satisfacían los éxitos alcanzados, pero al mismo tiempo esto no le parecía suficiente, deplorando, de hecho, la invasión de su vida privada y la falta de tiempo que la fama le había ocasionado.  El Fundador mostraba una completa indiferencia por las cosas que normalmente son objeto del deseo humano - posición social, honores y aplausos, riqueza y bienestar material -, y su única preocupación era el entrenamiento del espíritus través de la disciplina del budó.
Hacia 1935, haciendo uso de sus pequeños ahorros, empezó a comprar tierra de bosque en los alrededores de Iwama.  Llevaba la agricultura en la sangre, como se hizo evidente en su empresa de colonización de Shirataki, en Hokkaido, y planeó cultivar la tierra y renovar la búsqueda de un budó espiritual; pero este deseo suyo de cultivar la tierra no era fácilmente realizable, ya que, como artista marcial reconocido, era constantemente invitado a diversos lugares y su apretado programa no le dejaba tiempo para proseguirlo.
El intento en tiempos de guerra de agrupar todas las formas de artes marciales en una sola organización presentó una oportunidad única.  Los acontecimientos hacían imposible la
continuidad de las actividades normales de Aikido y ya no se le requería para supervisar su crecimiento, y cuando el panorama bélico se hizo más oscuro disminuyó el número de alumnos y declinaron las invitaciones para hacer demostraciones de Aikido.  Así pues, sintió que éste era sin duda el momento ideal para él de tomar una decisión de cara a su futuro, y la orden de unirse a la Gran Asociación Japonesa Marcíal y Virtuosa fue la gota que colmó el vaso, de tal manera que el Fundador proclamó el establecimiento del Aikido y finalmente tomó la decisión de retirarse a lwama, donde podía proseguir su propio camino.

El Fundador era un patriota en el verdadero sentido de la palabra y creía que uno debe estar dispuesto a sacrificar su vida por su propio país, de modo que optó por no protestar respecto a la política nacional de tiempos de guerra.  Sin embargo, no estaba de acuerdo con el plan de unir todas las formas de budó bajo la jurisdicción gubernamental, y para él la orden poco tenía que ver con el amor a la patria.  Es más, la nueva organización demandaba más y más papeleos y asistencia a reuniones, todo lo cual obstaculizaba su deseo de continuar su búsqueda del budo.  Con absoluto desinterés decía: «No sirvo para el papeleo.  Para mí sólo existe la práctica del Aikido».  Y diciendo esto, mandaba a uno de sus uchideshi, Minoru Hirai, a representar al Aikido en las reuniones.  Yo era todavía un estudiante en la Waseda High School, pero me designó instructor jefe del dojo de Tokyo y pidió que sus discípulos superiores, como Kisaburó Osawa, el actual instructor jefe, me asistieran, y entonces dejó Tokyo para ir a Iwama con mi madre, Hatsu.  El Fundador actuó de su manera habitual sin perder el tiempo a la hora de poner en marcha cualquier cosa que decidiera. Iwama está cerca de Mito, centro cultural y artístico durante el Período Tokugawa, pero que en esa época estaba escasamente poblado.  Las granjas eran pocas y diseminadas, y toda la zona estaba densamente arbolada, el 90 por 100 de ella cubierto de pinos, árboles frutales y bosquecillos de otras especies.  El Fundador limpió cerca de 20.000 tsubo (6,62 hectáreas) de las propiedades que había adquirido a lo largo de los años, y empezó a cultivar la tierra, cumpliendo así su deseo, largo tiempo alimentado, de unificar la agricultura con el arte marcial.  El pequeño edificio convertido en granja en el que vivía contenía sólo dos habitaciones pequeñas y un área de suelo de tierra.  Los visitantes de esta pequeña choza se sorprendían por su aspecto ruinoso, pero el animo del Fundador estaba alto.

  Tenía tres planes encamínados a realizar su ideal de budó verdadero cuando se asentó en lwama.  El primero era establecer un Santuario Aiki que simbolizara la Vía de aiki y el espíritu del Aikido.  El segundo era construir un dojo al aire libre, impregnado con el ki de la naturaleza, donde se pudiera enseñar el budó ideal de Take-musu.  Y el tercero, llevar a cabo su ansiado sueño de unificar la agricultura con el arte marcial.  Aspiraba a relacionar el entrenamiento del budó (take) que armoniza con la protectora fuerza vital (muso), con el trabajo de la agricultura, a través del cual la tierra produce el alimento que sustenta la vida.
El Santuario Alki fue concebido para rendir homenaje a los cuarenta y tres dioses que protegen y dan poder creativo al Aíkido, y para ser el centro sagrado de todos los practicantes de Aikido que se comprometen en promocionar la Vía para todos los seres.  Los cuarenta y tres dioses son las deidades marciales, los reyes dragones y las encarnaciones glorificadas en el saber tradicional popular japonés.  El Fundador creía firmemente que su destreza en el budó no provenía de sí mismo, sino de los dioses que lo protegían y que nutrían esta habilidad. Esta era su fe fundamental, pero lo más importante es que esto demuestra su humildad y su autodisciplina; encomendándose a un poder mayor nunca se volvería arrogante por los logros conseguidos.  Esta humildad, compendio de su sinceridad y de su devoción por el entrenamiento, es algo que deben tomarse a pecho todos los practicantes del Aikido.
La disposición del Santuario Aiki está basada en los principios del koto-dama.  La colocación del santuario interior, la sala de culto, la puerta de entrada, etc, están todas de acuerdo con los tres principios del triángulo, el círculo y el cuadrado.  Estos tres signos son símbolos del ejercicio de respiración en el estudio del koto-dama.  En palabras del Fundador:

Cuando el triángulo, el círculo y el cuadrado se convierten en uno, hay movimiento en rotación esférica junto con flujo de ki, y aparece el Aíkldo de sumi-kiri.

El hecho de que el Santuario Aiki, que refleja una elaborada filosofía, pudiera completarse en los difíciles años al final de la Segunda Guerra Mundial, se debió a los esfuerzos de un maestro carpintero llamado Matsumoto, que vivía en lwama, y al incansable apoyo de numerosos practicantes desde el comienzo del Aikldo.  La terminación del santuario principal del Santuario Aiki en 1943, fue una ocasión que hizo derramar lágrimas de feilcidad al Fundador.  Su sueño de toda la vida se había hecho realidad, y los cimientos del Aikido estaban echados.  El Santuario es ahora la meca de todos los auténticos alumnos del arte.
La construcción de un dojo al aire libre, segunda parte del plan del Fundador, tuvo lugar en una esquina de su granja, pero con el incremento del número de alumnos fue necesario construir un pequeño  dojo interior de treinta tsubo (90.9 m2) Fue completado en 1945, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, y supuso una desviación del objetivo original de combinar la agricultura con el arte marcial, pero trajo inesperados beneficios al Aikido.
Durante los tres años después de la guerra, el Hombu  dojode Wakamatsucho se vio obligado a reducir sus actividades por una serie de razones, entre ellas la prohibición impuesta a todas las artes marciales por las Fuerzas de Ocupación Aliadas.  Entonces todas las actividades del dojo central se trasladaron a Iwama, de forma que, gracias a este dojo, el Aikido pudo perdurar en una época en que el clima y la actitud general hacia las artes marciales eran fuertemente negativas.  Hoy en día el dojo de Iwama se llama Ibaraki Dojo y está dedicado a la memoria del Fundador.

El Fundador había acariciado desde hacía mucho tiempo el ideal de establecer un centro Aikí, y que esto se hiciera realidad, aún con pequeñas modificaciones, en mitad de los difíciles años de la guerra y en los caóticos años de después de ella, era casi un milagro.  Por tanto, debió ser muy gratificante para él haber sido capaz de escapar de la atareada vida de Tokyo para dedicarse totalmente a realizar el ideal del verdadero budó.

La vía de recuperación del Aikido comenzó en febrero de 1948, con la aprobación oficial del Aíkikai como nueva institución.  Fue reconocido por primera vez públicamente en los Almacenes Takashimaya, en Tokyo, en septiembre de 1956, y la Primera Demostración Pública de Aikido patrocinada por el Aikikai se celebró en 1960 en la Sala Yamano, en Tokyo.  El momento cumbre del restablecimieto de despues de la guerra llegó con la terminación del nuevo Hombu Dojo en enero de 1969.

Viendo la prosperidad que ha alcanzado el Aikido, qué menos que reflexionar sobre las decisiones adoptadas por el Fundador durante los años de la guerra e inmediatamente después.  Si el Maestro Ueshiba en vez de retirarse a Iwama hubiera dejado que el Kóbukan Aikí-budó fuera engullido por la fusión de las artes marciales durante la guerra, la historia del Aikído podría haber terminado entonces.  Ambos nombres, el del Maestro Ueshiba y el del Aikido, y su breve pero glorioso capítulo en el budó durante los años anteriores a la guerra, podían haber sido relegados a los libros de historia y con el tiempo convertirse sólo en oscuras leyendas en los anales de las artes marciales.

La reputación y el éxito actuales del Aikido se deben a la decisión del Fundador de dedicarse a la búsqueda espiritual de la esencia de las artes marciales en la alejada región de lwama.  El Maestro Ueshiba demostró con su propio ejemplo que la prosperidad del Aikido no se mide por el número de seguidores, sino por la profundidad e intensidad de la búsqueda personal de la verdad a través del entrenamiento y de la práctica.  A mi entender ésta es la más importante razón de que el Aikido sea hoy lo que es.

El dicho Zen «Reflexionar sobre nuestros pasos» nos advierte que hay que comprobar siempre si nuestros pies están en tierra firme.  Como practicantes de Aikldo debemos siempre «Reflexionar sobre nuestros pasos», aunque nos movamos juntos hacia adelante con altos ideales y apasionados por la verdad.

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   Muchas veces me han preguntado por que realizamos tantos saludos durante la practica. La razon esta, por un lado en la tradicion cultural japonesa, en la que la cortesia juega un papel preponderante en toda relacion entre las personas.  Por otra parte, Aikido es heredero, como integrante del budo, de los codigos de conducta del samurai. Este respetaba a su adversario, pues tenia arraigado, que de no hacerlo, implicaba una falta de valoracion de su capacidad, y por ende, era una forma de ser vencido antes del combate.

   Pero en Aikido no hay combate. Es un Arte de Vida. Entrenamos para lograr un mundo mejor. Nuestra actitud durante la practica debe ser de concentrada atencion, colaboracion y respeto. La forma de manifestar este ultimo es cortesia. De nada sirve refinar nuestra tecnica si no refinamos nuestro espiritu. Un profundo saludo es un acto negativo si no es sincero. Debe ser un mensaje sin palabras en el que expresamos:
"voy a atacarte franca y atentamente, no quiero lastimarte, voy a realizar mi mejor ukemi, progresemos juntos". Y si logramos llevar esta actitud a nuestra vida diaria, habremos logrado plasmar, en la medida de nuestras fuerzas, los ideales de O'Sensei.
       


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